Imagínate que necesitas perfeccionar tu inglés urgentemente. Necesitas fluidez, naturalidad, y sobre todo, entender el idioma hablado en el día a día, con sus modismos, su acento, su ritmo. Tienes dos opciones: inscribirte a un taller intensivo de conversación que consiste en dos horas diarias de mucha práctica e interacción con otros quince estudiantes de tu misma edad, en tu misma situación, con tu mismo nivel de inglés; o un curso intensivo que consiste en dos horas diarias uno a uno con un maestro cuya lengua materna es el inglés. Este segundo curso cuesta el triple que el primero, pero tienes el presupuesto para tomarlo.
¿Cuál eliges?
Si yo fuera tú, elegiría el segundo sin meditarlo mucho. Muchas de mis experiencias en clases de conversación fueron frustrantes. Sentía que mi oído se acostumbraba a los vicios de lenguaje de mis compañeros y luego yo también los repetía, además de que dos horas repartidas entre quince estudiantes me dejaba muy poco tiempo para hablar o exponer mis dudas. Yo prefería aprender directamente del maestro, y aprovechaba hasta el último centavo de mi inversión preguntándole todo lo que necesitaba saber, llevándole mis ensayos para que me los corrigiera y pidiéndole que pronunciara las palabras una y otra vez.
Acabo de leer un artículo de Mónica Salazar, en donde comparte la opinión de una funcionaria del Ministerio de Educación de su país en cuanto a la "necesidad básica" de que los niños convivan con otros de su misma edad:
“Los niños aprenden de sus pares”
“Miran el comportamiento de sus pares y así aprenden cómo actuar”
“Es importante que se relacionen con muchos niños de su edad para que creen fuertes vínculos de amistad”
Existe un antiguo proverbio hebreo que dice:
"El que anda con sabios sabio será, mas el que se junta con necios será quebrantado"
En un grupo de niños de la misma edad no existe suficiente sabiduría, pues todos se encuentran en la posición de aprendices. ¿Qué pueden aprender unos de otros? Tal vez, como en el caso de mis clases de inglés, vicios y malos hábitos no sólo en el aspecto social, sino en otros más.
¿De verdad deseamos que otros niños igual de inexpertos que el nuestro sean quienes le enseñen las lecciones que debe aprender acerca de la sociedad y la vida en general? Yo no. Yo quiero que mis hijos aprendan de alguien con mayor experiencia, con más sabiduría que ellos.
Creo que la mayoría de nosotros, de alguna u otra forma llegamos a una edad en la que sabemos cómo relacionarnos con otros. Tal vez ese proceso fue duro. Tal vez tuvimos que darnos de topes, lastimarnos emocionalmente o dañar relaciones, para aprender cuáles son las mejores maneras de interactuar con otros. Y en el peor de los casos, tal vez fuimos tan lastimados que ahora no tenemos la libertad para relacionarnos adecuadamente. Cualquiera que sea el caso, y como lo mencioné en un artículo anterior, la realidad es que a la mayoría de nosotros no se nos enseñó consciente y deliberadamente a vivir en sociedad. Sin embargo, ahora tenemos en nuestras manos la oportunidad de ahorrarles golpes a nuestros niños, enseñándoles a socializar efectivamente.
Yo creo que el mejor lugar para aprender la sabiduría necesaria para relacionarse en sociedad es el hogar, ya que:
La familia es la base de la sociedad. Una familia fuerte tiene el poder de influir en la sociedad y en las futuras generaciones; pero si las relaciones de nuestras familias se ven debilitadas porque nuestros hijos crean vínculos estrechos con desconocidos cuya opinión pesa más que la nuestra, ¿cómo puede nuestra influencia trascender a las siguientes generaciones?
Pensar en que los niños creen fuertes vínculos de amistad con niños desconocidos, en cierto modo, es una pérdida de tiempo. ¿Qué pasará el próximo ciclo escolar cuando los grupos sean cambiados?, ¿o cuando su mejor amiguito se cambie de ciudad?, ¿dónde quedará la continuidad de esa relación?
Es verdad que quienes fuimos a la escuela tenemos lindos recuerdos de nuestros compañeros, pero pocos de nosotros conservamos relaciones perdurables y productivas con ellos. Los compañeros de la escuela van y vienen, pero la familia siempre permanece y sus miembros son las personas con quienes mejor podemos construir relaciones sinérgicas.
Un hijo siempre será amado incondicionalmente. En una familia estable, un niño no tiene la presión de tener que luchar por ser aceptado socialmente. Sus padres lo aman tal y como es, independientemente de su comportamiento. A partir de esa base sólida, el niño puede construir relaciones fuertes que no corren el riesgo de romperse tan fácilmente por rivalidades, desacuerdos, conflictos o decepciones. El amor le provee la seguridad que necesita para poder aprender de sus errores, y lo fortalece hasta el momento en que está lo suficientemente maduro y listo para salir y enfrentar el mundo solo, tal y como es.
Existen diferencias de edades. En una familia rara vez hay dos individuos de la misma edad, lo que brinda un panorama completo de lo que es una sociedad: gente de todo tipo, de todas edades, con diferentes opiniones y perspectivas de la vida. Gente de quien aprender sabiduría y gente a quien guiar pacientemente. La familia de cada quien provee la combinación de personalidades perfecta para que cada individuo aprenda lo necesario para enfrentarse a la sociedad e integrarse eficazmente en ella. Y cuando los hermanos logran conectarse y complementar sus talentos y habilidades únicos, pueden crear relaciones sinérgicas perdurables, capaces de beneficiar a muchos a su alrededor.
Hay supervisión personalizada. Como en las clases uno a uno, un papá a cargo de tres o cuatro niños es mucho más eficiente que una maestra a cargo de veinte o treinta. Además, a diferencia de la maestra, el papá es el primer interesado en que surja un aprendizaje valioso de cada interacción, y no sólo en que se mantenga el orden y el silencio. Obviamente, es necesario que estemos presentes todo el tiempo para conocer el trasfondo de cada situación, la personalidad de cada niño y les ayudemos a saber qué herramientas escoger para cada inconformidad: mostrar empatía, negociar, delegar, persuadir, tomar turnos, buscar soluciones, ceder, callar, ver por los débiles, cooperar con los líderes, compartir, etc.
Y como todos sabemos, el ejemplo habla más que mil palabras, así que todos estos conceptos no se enseñan en sermones ni en clases, sino en vivo y a todo color. Nuestras habilidades sociales como padres al lidiar con cada conflicto día con día es lo que realmente les está enseñando a nuestros hijos cómo socializar con otros. Como ves, brindarles una socialización personalizada cuesta el triple (o más) de esfuerzo, inversión y entrega que una convivencia estandarizada en la que la ley del más fuerte es la que impera: cada quien busca su propio bien, aun cuando tenga que ser a costa de los demás.
Creo que la convivencia de los niños con sus pares es muy importante, valiosa y enriquecedora, siempre y cuando haya supervisión cercana y cuidadosa, y cuando no reemplace la verdadera socialización: fortalecer las relaciones dentro de la familia primeramente, y después, con el resto de la sociedad: mayores, menores y con todo tipo de personas.
Si deseas saber más, no te pierdas:
¿Y qué hay de la socialización?
¿Tus relaciones con otras personas son del tipo electrodoméstico o del tipo MAC?

7 comentarios:
Me encantó este artículo, y el anterior... me encanta leerte, Priss.
“Los niños aprenden de sus pares”
“Miran el comportamiento de sus pares y así aprenden cómo actuar”
“Es importante que se relacionen con muchos niños de su edad para que creen fuertes vínculos de amistad”
Sí, los niños aprenden de sus pares pero NO EN EXCLUSIVA, como dices, NO TODO LO BUENO, como explicas. El problema de esta afirmación es que la hace implicando que el niño no puede aprender si no es con sus pares, lo cual es una premisa absurda. Además reduce PARES a niños de su edad. ¿O no somos la familia y otros adultos sus 'pares' en un sentido amplio?
“Miran el comportamiento de sus pares y así aprenden cómo actuar”
Este es otro argumento falaz, no aprendemos mirando sino HACIENDO y repitiendo. Cualquier persona que haya pasado cinco minutos en una clase de kinder, se dá cuenta de que los niños REPITEN comportamientos sociales (como jugar a que cocinan, a que son una familia, a que están en el supermercado...), y toman roles, y no he visto a ningún niñó tomar el rol de alumno de kindergarden, a no ser que otro asumiera el rol de MAESTRO, y entonces sí. Pero juegan a ser policías, mamás, maestros, enfermeros, etc. Eso es lo que MIRAN, y EMULAN O REPITEN.
Y de nuevo sí, miran el comportamiento de sus PARES, y pares es todo aquel alrededor de ellos, en especial adultos y otras personas de diferentes edades MUCHO MÁS que los de la suya. Mis alumnos preferían MIL VECES hablar con las maestras que con los otros niños de su edad... en parte porque muchos aún no sabían conversar.
“Es importante que se relacionen con muchos niños de su edad para que creen fuertes vínculos de amistad” Esto ya ni rebatirlo... la amistad no es cantidad, sino calidad. Me parece que esta señora se olvida de lo sólo que uno puede estar en una multitud. Que le digan esto a un niño inmigrante que apenas habla el idioma de los 25 niños a su alrededor cuando entra en un colegio... Qué forma tan animalística de entender a los humanos, ni que fuéramos ovejas o vacas.
Hola Pris,
creo que esto de los pares tiene que ver a que en la mayoría de los casos los niños no logran establecer relaciones de igualdadd con los adultos sino más bien desde una posición de autoridad po parte de ellos y por ello es que la mayoría de los "expertos" recomiendan las relaciones de los niños con sus pares porque si son iguales, no hay un yo soy más que tu o tu eres un más que yo y desde esta perspectiva yo podría entender su punto de vista de la importancia pero como dice silvia habría que dejar de limitar el termino a: de su misma edad. Y por supuesto concuerdo contigo en que las relaciones con la familia son prioritarias.
Saludos
Creo profundamente que no se trata de pares, como yo me baso en que todos somos iguales pero todos merecemos respeto así actuo con mis hijas y desde que mi Sofie dejo la escuela he visto maravillosos progresos, para muchos la trato como adulta, y ella se comporta "raro", pero si es una niña más madura en ciertos aspectos es porque puede serlo y porque su mamá la impulsa. Hoy le agradezco a Dios esta forma de vida, hace un par de días veía en la televisión un montón de chicas vueltas locas por un famosillo cantante adolescente, su actitud era deplorable, e inmadura, los medios no lo veían así, a una gran parte las solapaban sus padres que hacían fila durante horas para comprar un boleto que podía significar la quincena completa para muchos de ellos, pero decían: ¡lo que no hace uno por sus hijos! ....sin comentarios.
El otro día me enfrasque en una acalorada discusión sobre la ética en el consumno de animales como alimento con mi hija que mañana cumple 7 años; ella se había negado a comer carne -lo que ella sabe que viene de un animal- porque los animales sufren para que te los comas, entonces decía: es que nadie debería comer animales; yo le puse un dilema ético: existe una familia que cría lechones en el campo es lo único que sabe hacer y es la forma en que alimenta a sus hijos que son bebés y niños pequeños, si dejan de vender lechones y no saben hacer otra cosa sus hijos dejarían de comer ¿Crees que deberían dejar de hacerlo?. Se quedo pensativa y dijo: bueno que otros lo hagan pero yo no. Aunque a los pocos días se atrevío a comer pollo. Los niños pueden hacer más si los tratamos con más respeto y con más madurez y no los enclaustramos en un salón con niños que son criados con ideas irrespetuosas, algunos.
Silvia, a mí también me gusta leer tus artículos y tus comentarios. Es verdad que los niños aprenden por imitación, y por eso mismo, ¡yo quiero que aprendan de mí y no de otros que todavía están muy inmaduros como ellos!
Y qué risa con lo de la forma "animalística" de entendernos, jajaja, pero tienes razón.
Ivett, eso que dices de los pares suena lógico, aunque ya en la práctica, la convivencia con otros iguales crea presión de grupo, lo que da lugar a rivalidad y competencia. En un grupo con gente de distintas edades, existe un orden de autoridad natural y entonces los mayores ayudan a los menores y los menores aspiran a ser como los mayores. De hecho, ésa es la relación que yo busco tener con mis hijos: una en la que fortalezco mi autoridad natural y ellos son atraídos a mí como por imán y no una en donde yo me impongo y los obligo a someterse a mí. A mí me tocó trabajar en eventos de niños donde había grupos de todas las edades, desde 6 hasta 12 años. Se producía un efecto muy interesante: los niños de 12 años (que por lo general son los problemáticos o que muestran más resistencia a la autoridad), se convertían en los ayudantes de los maestros, y cuando se sentían útiles, entonces su actitud cambiaba drásticamente y eran el ejemplo que los pequeños querían seguir. Con este formato, se reducían bastante los problemas de disciplina.
Y Flor, ¡qué impresión leer las conclusiones de tu niña! Pero sí, es verdad que cuando nos dirigimos a nuestros hijos como gente madura, ellos se comportan como tales. Sinceramente, éste es el tipo de influencia que yo quiero que mis hijos estén recibiendo, en vez de una influencia que los lleve a continuar siendo inmaduros.
¡Saludos a todas y gracias por escribir!
Muy bueno. Yo estoy de acuerdo en que convivir con sus pares es algo constructivo, de vez en vez, pero que sea el fundamento, ese es el error. Conozco niñas de doce años que son por muchas ocasiones las "ayudantas" de los profesores, con una rica inmadurez y con un paupérrimo lenguaje, qué cosa más pésima. Ahora me viene a la mente Alejandro Magno, quien fue instruido personalmente por Aristóteles, y por eso fue MAGNO.
Muy interesante Priss, qué bueno es leer esto.
Magnífico artículo, es tan lógico, congruente y natural el crecimiento y la formación dentro de la familia. Porque ésta en verdad reune todas las situaciones de la vida real de la sociedad: edades diferentes, funciones diferentes, autoridades diferentes, etc. Pero en un entorno protegido y amoroso y adecuado a sus edades, el cual también cambia con las mismas.
Finalmente de lo que se trata es de que sean aptos para vivir la vida real de la sociedad.
Hola, me fascinó tu artículo, muchas gracias x compartirlo, yo soy principiante, mi nombre es Carmen y quisiera preguntarte q contestar cuando me dicen q noooo puedo encerrar a mis hijos en una burbuja, q tarde o temprano saldrán al mundo y noooo se van a saber defender.
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